Invencibles

Boca tenía que remontar el resultado adverso que había conseguido en Colombia y para eso tiraba toda la carne al asador. Para jugar estos partidos volvió Riquelme y se quedaron Palacio y Palermo. Se jugaban el partido del semestre, del año, y –como hasta ahora- no defraudaron.
La niebla se presentó como una seria complicación y puso en riesgo el partido, pero los jugadores locales lo querían jugar a toda costa, sabían que ayer era el día y el momento indicado. Finalmente, el árbitro dio el pitazo inicial.
El comienzo del encuentro se presentó trabado y mostró a Boca un tanto frágil en defensa, pero totalmente decidido a dar vuelta las cosas. El primer grito de gol llegó de la mano de Román, a los 43 minutos del primer tiempo, y a parir de entonces todo fue azul y amarillo.
A los 16 del complemento, Palermo sentenciaba de cabeza el tanto de la clasificación y, por las dudas, ya sobre el final, Sebastián Battaglia anotaba el 3 a 0 definitivo e inapelable.
En vano resulta echarle la culpa a la niebla, al poco tiempo que adicionó al árbitro, al tiempo que el partido estuvo parado… porque Boca demostró que cuando tiene que jugar y ganar, lo puede hacer sin que se le mueva un pelo y con precisión quirúrgica.
Boca se gana justificadamente la fama de invencible. Puede perder una batalla, un partido de ida o uno de vuelta, pero siempre hace lo que tiene que hacer para seguir con chances en todo lo que disputa, inclusive en el campeonato local, que todavía no está definido.
Le tenía que hacer 3 al Bolivar, le hizo 7; tenía que hacer un gol en la cancha de Vélez para estar tranquilo, salió y lo hizo; tenía que anotar en Paraguay, y ganó 2 a 0; ayer necesitaba ganar al menos 2 a 0, y ganó por tres.
No quedan dudas de que el xeneise es un rival que infunde respeto y hace valer la camiseta adonde vaya.
Jugará la quinta final de los últimos siete años: Los números hablan solos.