No hay bigotón que por bien no venga
Desde que llegó a la Argentina, las cosas no le salieron tal cual lo había planeado. Mas bien, todo lo contrario, porque Ricardo La Volpe retornó –el año pasado- a la tierra del tango, las mujeres lindas y el fútbol para hacerse cargo de un Boca que estaba consolidado como equipo y que era claro candidato a quedarse con el campeonato local y con la Copa Sudamericana.
Sin embargo nada de esto sucedió. Una temprana eliminación del torneo continental y una dolorosísima final perdida frente a Estudiantes de La Plata en un inédito partido desempate, pusieron un abrupto punto final a la etapa del bigotón como entrenador del equipo de la ribera.
Y entonces llegó el enroque del año: El cambio de técnicos entre Boca y Vélez Sársfield fue el tema del verano; todos estaban contentos.
Los xeneises por un lado y los fortineros por otro, porque creían que de la mano de La Volpe obtendrían grandes resultados.
La realidad marcó algo muy distinto, y otra vez le tocó perder al ex arquero de la selección: Lejos de pelear el campeonato, está prácticamente afuera de la Sudamericana y se despidió de la Libertadores nada menos que a manos de su ex equipo, ahora de Miguel Angel Russo.
Su figura se ha ido desgastando con el correr de las fechas y los malos resultados que ha ido cosechando durante el último año en el fútbol argentino. Pero la cuestión va más allá de los resultados, y llega hasta su relación con los jugadores que, como se sabe no es muy buena. Y quizás sea este uno de los puntos más flojos de su labor como entrenador.
Pero no hay mal que por bien no venga. La Volpe se fue de Boca y ahora los xeneises están a un paso de conseguir la Copa Libertadores. Quizás Vélez tenga la misma suerte.
De ser así, el viejo dicho popular debería ser reformulado: “No hay bigotón que por bien no venga”.
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