Justo, pero inesperado

Un primer gol que fue culpa de todos, bastante compartida entre defensores y arquero, un segundo en el que tuvo que ver un poco la mala suerte y el desentendimiento entre Orión y Botinelli, y un tercero que fue pura y exclusivamente mérito de Calderón le bastaron a Arsenal para apabullar al último campeón argentino, San Lorenzo de Almagro, y eliminarlo de la Copa Sudamericana.
La prematura apertura del marcador para los visitantes golpeó fuerte al equipo de Ramón Díaz, que a partir de entonces tenía que salir a buscar el partido y –principalmente- cuidarse de que no le anotaran nuevamente. Y, en desgracia para los de Boedo, eso fue lo que sucedió; a los 40 minutos de la primera mitad el ciclón se encontraba con un resultado más que adverso: el dos a cero (en contra) fue un baldazo de agua fría par todo el mundo.
A partir de entonces sólo servía la victoria, quedaban 45 minutos a todo o nada. El pelado movió el banco pero no fue suficiente. Los de Alfaro, tranquilos, jugaron muy bien con la ventaja y manejaron le escondieron la pelota a los habilidosos de enfrente. Al rato de comenzada la segunda mitad, el inagotable Calderón sentenciaba la ronda con un bombazo al ángulo desde afuera del agua.
Resultado justo, pero también inesperado por el empate en uno del partido de ida y porque –sin desmerecer a Arsenal- se esperaba más del campeón. Los de Alfaro ya se metieron entre los mejores 16 de la Copa. Ahora se vienen los brasileños. Todo lo que hagan de acá en adelante será, sin dudas, histórico.