Un tropezón no es caída
Ayer la cancha de Boca fue un espejismo. Los hinchas sedientos de fútbol se acercaron a refrescarse y a tomar litros de agua para saciar su sed de triunfos, pero sólo se encontraron con un montón de arena seca. El mismo equipo que el pasado miércoles superara claramente al San Pablo de Brasil por la Copa Sudamericana, apenas pudo conseguir un empate con Gimnasia y Esgrima de Jujuy.
El primer tiempo fue lamentable para los de Russo, que se fueron a los vestuarios con un gol de desventaja, pero que tranquilamente podían haber sido dos o tres. Boca no encontró la pelota, defendió mal, y –para colmo- perdió a uno de sus mejores jugadores por una lesión insólita: Rodrigo Palacio sufrió un corte en su rodilla tras chocar contra los carteles publicitarios; el desafortunado accidente le costará a l joven delantero de 7 a 10 días de inactividad.
Sin embargo, la historia en el segundo tiempo sería bastante distinta. Los xeneises, obligados a revertir la situación, salieron a la cancha con otra actitud dispuestos a conseguir la victoria. El empate llegó tras una exquisita definición de Mauro Boselli, un muy buen delantero de área, y la ventaja de la mano de un gran cabezazo de Paletta, que se la cambió de palo al arquero jujeño que quedó sin reacción.
Boca ganaba 2 a 1, sin haber hecho mucho más que su rival, pero habiendo hecho lo necesario para quedarse con este tipo de partidos. Pero cuando promediaba el final del encuentro, una palomita de los visitantes los dejaría con las manos casi vacías, un empate en 2 y mirando desde abajo a Independiente, el único líder del torneo.
Boca estuvo desconocido de a ratos; quizás cansado y –seguro- muy nervioso. Un Morel desencajado que pegó una patada fuera de contexto y un tal “Bueno” que, lejos de hacerle honor a su apellido, entró para dar el primer pase gol y después dedicarse a pelear y a desperdiciar la última chance del partido.
Pero a no desesperar, el rojo está a un pasito nomás; un tropezón no es caída. Respecto a la copa, los preocupados deberían ser los de San Pablo, son ellos quienes están obligados a ganar; además, todo el mundo sabe del oficio de Boca para este tipo de partidos.
Sólo resta confiar en el DT, los jugadores y, luego, dedicarse a disfrutar. La de ayer fue una mala tarde, pero no por eso hay que desesperar. Después de todo, Boquita es una máquina de dar alegrías.
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